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Entrevista a Gustavo Roosen

La cruzada Roosen

El ex presidente de Cantv salió de las oficinas de la telefónica a confrontar un paisaje empresarial desolado por los cierres, migraciones y reducciones de compañías nacionales, y se planteó una misión: convencer al empresariado venezolano que su futuro, la posibilidad de sobrevivir en la Venezuela del siglo XXI, es ser social e integralmente responsables

Usted está en una cruzada personal. ¿En qué consiste y cómo entiende su cruzada?
—Al concluir mi gestión en Cantv, consideré que había llegado la oportunidad de transmitir los aprendizajes de 12 años trabajando sistemáticamente este concepto. En Cantv el concepto era, sencillamente, lograr que la empresa se convirtiera en una empresa grandiosa.

¿Para ser grandiosa no es esencial que la empresa sea, primero que nada, grande?
—Para esto es esencial que la empresa asuma con sus públicos de interés las mejores prácticas en la gestión ordinaria de su actividad, cumpliendo con sus retos sociales. Si sus públicos de interés son los clientes, como también lo son los trabajadores, los aliados, los acreedores, la comunidad, el Estado, debe aprenderse cómo desarrollar métricas que midan esas mejores prácticas con cada uno de esos, y cómo comunicar esas métricas, hacerlas parte de la compensación de los colaboradores y transmitir de manera constante el mejoramiento que se está logrando para darle valor económico a la empresa, que es en definitiva y la razón fundamental de ser un gerente profesional.

¿Ese es el modelo de Cantv?
—Era. Ahora es el que siento que hay que transmitir al resto de las empresas venezolanas que están tan abatidas por dificultades inmediatas, producto de toda la inestabilidad que se está viviendo en el país. Por encima de ese abatimiento circunstancial se debe lograr una visión estratégica que le permita al empresario fortalecer estos conceptos para hacer su empresa más resistente y estar presente, efectivamente, para el momento en que la apertura de la economía vuelva a ocurrir en el país.

¿Se trata esto de una manera eficiente de hacer branding de marca o, más aún, branding del capitalismo, es decir, de un modelo económico que se puso en jaque precisamente por las desigualdades que genera?
—Los comportamientos ostentosos afectan la imagen que tiene el ciudadano de la empresa. El venezolano sabe muy bien lo que es propiedad privada y rechaza cualquier vulneración a ese concepto. En cambio, el concepto de empresa privada le es más remoto y, a veces, es confundido con la ostentación con la cual se puede haber practicado la condición del empresario en el pasado. Además, las crisis que se vivieron en el pasado, la financiera, etcétera, pueden haber dejado un mal sabor sobre el concepto de empresa privada en el venezolano.

Porque la mayoría no trabaja en empresas privadas propiamente.
—Exacto, esta es una sociedad donde el número de personas que trabaja en la empresa privada es minoría frente a las que están en otras actividades, o porque no trabajan, porque son amas de casa o empleados públicos. Para todo ese gran público, la empresa privada es una interrogante. Eso hay que trabajarlo para que la empresa tenga la oportunidad de crecer en un país cuya economía tendrá que abrirse de nuevo a la competencia internacional y a la modernidad.

¿Esto es una especie de vacuna ante el socialismo del siglo XXI?
—Es la única vacuna para prevenir la infección de estas ideas trasnochadas que se nos están tratando de imponer —y que eventualmente van a tener un alto precio para la sociedad—. Es la única forma de transmitir una visión en torno al concepto de eficiencia, productividad, competitividad, valores, éticas de trabajo, pertinencia y responsabilidad social.

¿Qué tanto ha sido asimilado este concepto por los venezolanos?
—Las empresas que han logrado sobresalir en momentos de dificultad como los que estamos afrontando como país, lo tienen como parte de sus planes estratégicos. Las empresas multinacionales tienen una mayor consciencia porque están muy influidas por sus casas matrices en la necesidad de preparar planes estratégicos de largo plazo, lo cual ya es una herramienta importante para ir desarrollando el concepto como tal.

¿Por qué cree usted que esto no se ha expandido más entre el empresariado venezolano?
—Porque el inmediatismo ha sido la condición dominante en el comportamiento económico de Venezuela. Esto se debe precisamente a la variación enorme en las políticas públicas en torno a la actividad económica.

Pero el inmediatismo y la improvisación son casi culturales, no un fenómeno nuevo.
—Claro, está presente incluso de los años 70 para acá. Pero, si bien es verdad que esa situación inmediata agobia y quita tiempo de agenda, es importante que el empresario dedique una parte significativa de su tiempo, para ir situando estratégicamente el concepto de responsabilidad integral en lo que es su plan interno y a largo plazo, para que sus públicos de interés vayan mejorando su condición y su aceptación a la empresa.

Suena fácil.
—Claro que no es suficiente decirlo, hay que saberlo hacer. Esto implica arremangarse las mangas y ponerse en función de sus planes de trabajo, en cómo me quiero ver yo en el tiempo, respecto a todos estos públicos intereses; en qué tipo de trato justo y equilibrado quiero lograr con cada uno de ellos.

Parecería también que el hecho político ha movido a muchas empresas a subrayar su compromiso social.
—La responsabilidad integral tiene un componente mucho más utilitario que filantrópico. Es, a la larga, cómo agregarle valor a mi empresa o a la que me toca gerenciar. La responsabilidad social filantrópica es muy fácil de explicar en una empresa familiar donde el accionista es el empresario; es mucho más difícil cuando la empresa tiene muchos dueños y por lo tanto está administrada profesionalmente. La filantropía no puede hacerse con el dinero del accionista, a menos que el accionista esté de acuerdo. Y es mucho más fácil para un accionista decir: "Dame mi dinero que yo haré filantropía con la iglesia o cualquier obra que yo quiera. Y no hagas tu filantropía para que tú acalles tus necesidades de consciencia con mi dinero".

Cantv tenía muchos accionistas y un fondo grande para donaciones.
—Esto es un tema que discutimos muchísimo para definir el alcance de nuestra responsabilidad. Es claro el señalamiento de que la filantropía tiene límites definitivos en el mundo empresarial, porque el dinero con el que se hace físicamente puede ser de un tercero y, por lo tanto, hay que tener mucho cuidado en cómo se le retribuye a ese tercero en el tiempo esa filantropía o la inversión social de que se trate.

Responsabilidad social integral es algo así como capitalismo new age?
—Creo que de lo que se trata es de una síntesis modernizadora de las ideas sobre capitalismo, al centro del cual está el cliente, está la razón de ser del objeto social. Esta visión está muy apoyada en la necesidad de incentivar al trabajador para que haga las cosas cada vez mejor.

¿Qué opina de las tendencias que describen el surgimiento de un capitalismo espiritual, marcado por un llamado moral?
—Para mí eso es una gran tontería. Creo que cuando uno está sometido al trabajo diario durante toda la vida profesional, el capitalismo no es sino la agregación de valor al dinero que ha sido puesto en manos de uno. Si lo que quieres es tomar términos del evangelio, entonces es cómo has usado tú el talento que te ha sido dado. Pero el agregado modernizador es que, la sola agregación de talento, en este caso, de dinero, no resulta ser suficiente para fortalecer el valor de una empresa. Una empresa integralmente responsable generalmente suele ser más atractiva desde el punto de vista del joven trabajador para ubicarse y trabajar allí. Cuando una empresa transmite, porque lo hace, la integridad corporativa, inicia un círculo virtuoso de cualidades que le permiten fortalecerse y, por lo tanto, fortalecer la razón de rentabilidad, que es la esencia del capitalismo. Pero éste, es un capitalismo utilitario en vías de hacer crecer la empresa.

¿Por ello será que para los ideólogos del socialismo del siglo XXI la RSE no es sino una mascarada del capitalismo salvaje?
—Estos ideólogos no han tenido nunca que trabajar. Nunca han tenido que pensar en cómo completar el dinero para completar una nómina. No es igual la actitud de quien espera el 15 y último para cobrar, de la del que tiene que conseguir el dinero para pagar esa nómina. Lo que esto significa, básicamente, es que cuando te enfocas en mejores prácticas le agregas valor al campo de actividad donde estás. Si todos hacen lo mismo, se le agrega valor a un país como un todo. Las dispersiones de foco son las que producen las ineficiencias estructurales que eventualmente producen los colapsos económicos. Eso ocurrió en la Unión Soviética y en Cuba, y ocurrirá en Venezuela, cuyas ineficiencias están siendo tapadas por el enorme chorro de dólares que genera los altos precios del petróleo.

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